miércoles, 3 de agosto de 2011

Crónica de una muerte anunciada

Hace unos días, el mundo asistía atónito al fallecimiento de la artista Amy Winehouse en su casa de Londres. Desde entonces noticias, comentarios, vídeos, dobles sentidos de letras de canciones acaparan los tabloides (sobre todo los ingleses, expertos en el periodismo más sensacionalista y carroñero) para “homenajear” a la joven artista desaparecida.
Sinceramente, me gustaba mucho Amy, me encantaba su voz, su estilo, y gracias a ella, se ha allanado el camino para nuevas artistas como Adele o para una nueva revaloración de la música inglesa, pero tras su último concierto en Belgrado, no pensar en el principio del fin…era de ilusos.
No he querido escribir sobre este suceso hasta hoy, por un lado para ver que se hablaba por internet (de todo…) y por  otro, por no caer en eso de mitificar a alguien cuando muere. Cosa que ya está pasando.
Ahora, los medios que tanto pusieron en primera plana su drogadicción con imágenes espeluznantes, hablan de que estaba intentando recuperarse, que se le veía mejor, que era muy buena y bla bla bla… Para que hablen bien de ti, solo tienes que morirte.
Amy era una artista de las que pocas quedan. Escribía sus canciones sin necesidad de un laboratorio musical, sus problemas eran lo que le inspiraba, y para cantar necesitaba sentir aquello de lo que nos hacia participe a todos. Sin más.
Mientras nosotros cantábamos bajo esa melodía alegre su tan famoso “THEY TRIED TO MAKE ME GO TO REHAB, I SAID NO, NO, NO” no nos dábamos cuenta, de que eran palabras de una chica que a fin de cuentas, tenía problemas y muy serios además.
Un talento por explotar, una imagen cuanto menos chocante, y problemas de alcohol y drogas, no tardaron en convertirla en objetivo de flashes  y en objetivo de compañías discográficas sedientas de dinero. Esto es así. Nadie invertiría en una chica drogadicta si no supiera que eso no le daría dinero. Y en un mercado como el musical, se sabe que hay gente que venderá mas muerto que vivo. Puede parecer brusco decirlo así, pero tenemos casos como Michael Jackson o Elvis, personas que acabaron sin más sus días y que muertos son los más ricos del cementerio.
De cualquier forma, ahora nos topamos con el mito de Amy, con su entrada en ese club de los 27, un club que no es más que una recopilación de gente que fue muy grande, pero que en sus vidas por desgracia fracasaron. Es curioso a veces como el ser humano mitifica algunos personajes, entre su genialidad y talento,  sus vicios y muertes prematuras.
Pero no nos confundamos, no hay nada de grandeza en morir así, solo pena de ver como un genio desaprovecha así su vida. Triste.
No quiero que esto se tome como un homenaje a Amy, pues creo que su talento justifica estas líneas, simplemente que dentro de algunos  años, intentare que nuevas generaciones la escuchen, mostrándola como una gran artista de mi época, y que se maravillen con sus canciones, que el tiempo haga que olvidemos a esa Amy borracha de los periódicos, y que la gente al fin, se centre en su música, pues ese es su legado y su inmortalidad a fin de cuentas. Los grandes no mueren.

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