jueves, 27 de febrero de 2014

¿Por qué escribo?

Escribo esto justo debajo de una carta de presentación. Es increíble la cantidad de gilipolleces que hay que hacer hoy día, para que al menos se dignen a abrir  tu curriculum. Me imagino a los empresarios o a quien tengan para que lo haga por ellos, mandando a la papelera de reciclaje miles de documentos adjuntos de jóvenes promesas de futuro incierto. Me consuelo pensando, que al menos no tienen la satisfacción de romper el folio a mano.
Estaba redactando una carta de recomendación, otra de tantas, imitando ser personal y elogiando a una empresa que ni admiro y ni me interesa. Me estaba dando cuenta de las falacias que escribía, y de cómo un acto tan liberador, hoy día (y siempre) se prostituye de una forma tan evidente. Nunca las palabras trasladaron tanta mentira.
Hubo una época en la que escribir para mí era liberador. Y escribía cosas, que aun con el tiempo, pasan la prueba de la vergüenza. Si, esa vergüenza “ajena” pues con los años ya no te consideras el mismo que escribió aquello y ya eres capaz de juzgar. Yo era de las que escribía para mí, y pocos han podido leer lo que hacía. Un acto que creía muy “mío” tan personal, como dejar que alguien me viera en bragas.
 El problema es que  para escribir tengo que estar en dos modos, muy antagónicos entre sí, y que sin embargo son la fórmula perfecta para que me  digne a abrir un documento Word. Uno es estar jodida. La mayoría de las cosas que he escrito en mi vida y que para mí siguen teniendo calidad, las hice en un momento de tal tristeza, que no sabía como expulsar de mí todo lo contenido. Y se nota. Son textos que sin ser precisamente escritos con sangre, demuestran que me dejo llevar más por desesperación de desahogo, que por hacer algo digno. Pero en la tristeza también hay dignidad. Me atrevía hasta con la poesía, no sé si bien o mal, y ahora sin embargo me da tanto respeto, que no lo quiero ni pensar.  
El otro modo  para poder escribir no está relacionado con  estar feliz. Eso de la felicidad, aunque años después de descubrir  que los reyes son los padres, ya lo doy por cuento. No, mi otro ánimo para escribir es estar emocionada. Puede ser del tema más tonto, pero escribir sobre algo que me emociona crea en mi, ya no solo una inspiración inmediata, sino que consigo ideas que me llevan a desvelarme y apuntar corriendo todo lo que surge. Escribo más concienzuda, con más responsabilidad, para dejar todo dicho, y que quede claro, sin margen al equívoco. No es un desahogo, pero alienta tanto, que cualquier asunto de poco calibre, si me emociona en algún sentido, toma grandes dimensiones.
Con esto, tomo como conclusión que soy una persona apasionada. La pasión está bien, y que pena quien no la haya sentido, al menos por algo alguna vez. Pero es devastadora, y te deja con todo o sin nada. Creo que ahora no me acompaña, y aunque a veces reniego de lo que me ha hecho hacer (o he hecho bajo su excusa) hoy día creo que no queda ni un poso de ella en mí.
Ahora mismo ni estoy triste ni estoy emocionada. No escribo para desahogarme, ni para emocionarme. Escribo para mí,  a modo de post-it mental,  que no olvide que escribir es una de las cosas que más me ha ordenado la vida. Que siempre lo he querido, pero que en los últimos tiempos lo he tratado   como un amante al que utilizas. Solo lo he llamado para desahogarme o expresarle mi alegría por algo.
Típico de mí dar vida y  pensamiento a algo que no lo tiene, pero supongo que es la forma en la que empatizo con nimiedades. Yo solía escribir porque me gustaba, y ahora supongo que no lo hago…porque no sé si me gusta.
Y no solo escribir. Creo que haber tenido las ideas claras toda mi vida me ha servido de mucho…y ahora, que de repente un muro se ha puesto delante de mi…no sé muy bien qué coño quiero hacer.
No me gusta estar perdida, no me gusta no estar emocionada, y no me gusta nada  no estar ni tan siquiera triste por ello. No quiero pronunciar conformismo…y sin embargo ahora creo que es lo que mejor me define.
¿Por qué escribes esto ahora Loli? 
Me dijeron que hay que echarle cojones a la vida, y ahora mismo…creo que me han castrado.



viernes, 14 de febrero de 2014

A nadie le amarga un dulce

Hoy es  el día de los enamorados. Creo que tiene que ver con un tal Valentín, que en época romana casaba a los cristianos en secreto, pero  la verdad, tampoco tengo ganas de meterme en wikipedia y confirmarlo.
Sobre este tema hay opiniones encontradas. Si bien los que tienen pareja y lo celebran, o los que están solteros y odian este día con todas sus fuerzas. También existe otro grupo, parejas en crisis, cuyo  san Valentín queda en un intento patético por demostrar algo de lo que no hay o en su defecto poner en evidencia la relación. En este último, se puede decir que he estado incluida en los últimos años.
Por tanto, San Valentín para mí ha sido una fecha relacionada con la decepción, triste, que si bien tenía pareja…me hacía sentir bastante sola.
Por eso, actualmente estando soltera, me he sorprendido a mi misma felicitando el día, preguntado los regalos o planes a mis amigos, o incluso preparando algún detalle, para la pareja por la cual hoy estoy aquí, mis padres.
Entiendo que habrá mucha gente que piense que es una día comercial, pero y ¿qué? Navidad sin ir más lejos es mucho más comercial y nos obliga durante dos semanas a hacer más paripé y con gente que incluso no aguantamos.
Otros piensan…”a mí nadie me dice cuando celebrar el amor, eso es todos los días”…bueno, no sé si todos los días eres capaz de avivar la llama del amor, pero si al menos puedes de dar un pequeño detalle en este día, a nadie le amarga un dulce, y no quedas de rancio ¬¬
Y para la gente sin pareja, algunos lo toman como un recordatorio de su soledad. Sinceramente me parece algo   egoísta y de víctima. El ser dramático es algo que hacemos por elección, y muchas veces podemos elegir como reaccionar ante algo. Si prefieres regodearte en tu dolor, soledad, o como lo llames, yo no culparía al día de San Valentín de ello, sino que me preocuparía de algo mucho peor. Si no toleras tu soledad, o el hecho de no tener pareja y depender de tener  alguien a lado, dice mucho de cuanto te quieres a ti mismo o de cuanto te conoces o soportas.
No tener pareja no es estar solo. Si bien estar con alguien tiene sus ventajas, la soltería también. Además, y hablo por experiencia, uno debe conocerse, e individualizarse en algunos aspectos, que solo se consigue a través de una cierta soledad con uno mismo. Evidentemente hasta un punto y sin pasarse.
Por tanto no seáis rancios y en vez de elegir la pena y maldecir este día, alegraros por las personas de vuestro alrededor. En ellas tenéis el ejemplo, de que no siempre el amor es una mala experiencia o que solo existen relaciones fallidas. Porque pocas cosas en este mundo te remueven tanto por dentro como el amor, venga de donde venga.

Y tras este post ñoño con azúcar glas por encima, yo os dejo como regalo  una canción muy sensiblona pero mona de Edward Sharpe & The MagneticZeros 

  y con una viñeta de moderna de pueblo para todos los gustos.