Lo sé. No os esperabais esta
vuelta. Yo tampoco.
Antes que nada, olvidemos el
último post melodramático y cargado de depresión.
Fue una mala época.
En fin, vuelvo al blog. La verdad
es que hace un montón que no escribo nada. Me gustaría decir que porque no he
tenido tiempo, he estado en mil cosas, y así una larga lista de excusas. Y
aunque es verdad que he estado muy liada, el principal motivo ha sido… que no
me ha dado la gana.
Sin entrar en detalles de mi vida
como si estuviera dando una exclusiva a Hola, desde el año pasado no he parado
de trabajar. Supongo que se habrá escuchado alguna risa en la sala, teniendo en
cuenta la crisis y el paro que hay, pero con suerte (y con esfuerzo) he
conseguido una serie de curros seguidos.
Desde un archivo, una radio y un punto de información juvenil, todo ello aderezado por un máster, un TFM, y
mil tonterías más que piden ahora. Parece que tener una carrera ya no basta.
Y después de todo eso…me convertí
en una princesa.
Estaba en mi casa, en este pueblo
llamado Huércal de Almería, haciendo esa bonita tradición de tomar el fresco
con las vecinas, cuando vimos pasar por mi calle toda una comitiva real.
Evidentemente se habían equivocado. Mi calle es un callejón y suele pasar. Vemos
que saliendo de un súper cochazo de marca indeterminada (publicidad no,
gracias) sale un tío. No un tío cualquiera, un príncipe (Pero no un Borbón, no
seáis mal pensados). Diréis bueno Loli y ¿como sabias que era un príncipe? ¿Estás
segura o te habías pasado un poco con el Martini? Bebidas alcohólicas aparte,
entre una multitud de agentes de seguridad, se acerco hasta mi silla de playa
para preguntarme sobre donde estaba. Yo hubiera añadido un “coño”, donde coño
estaba, porque un tío así, con ese porte, no tenía sentido que estuviera ante mí.
Y ¿cómo sabía que era un príncipe? Eso se nota. Esa elegancia, ese saber estar,
y por supuesto, que me lo dijera, se presento como príncipe de no sé qué país.
No le importaron mis pintas rollo vestido playero del año 2000, ni si quiera mi
moño a lo “palabra de gitano”. Yo lo sentí. Él lo sintió. Y desde entonces vivo
en un país perdido, siendo princesa, cual Leticia aun sin operar y aceptando su
destino…de futura reina.
Vale, no ha sido así, y juro que
el Martini por la mañana lo deje hace mucho ¬¬. Encontré un curro al estilo “Chiqui
park”, donde además de cuidar a un montón de niños, hay que disfrazarse de
princesa y hacer la mamarracha un rato.
No os voy a negar que a veces,
cuando llevo la corona, o cuando alguna niño/a se pone un poco insoportable, me
replanteo mucho sobre el camino que he seguido y que estoy haciendo ahora
mismo.
Y la única respuesta es:
Improvisar. Todos son circunstancias, estamos en tiempos difíciles, y aunque no
tengo necesidad, quiero ser una princesa. Para demostrarme lo que cuesta un
trabajo, a que hay que tener paciencia, y que aunque no es el curro de mis
sueños, que esto me dé más fuerza para llegar a donde de verdad quiero ir…
Y siendo sincera, me ahorro el
gym con tanto baile del gangnam style (Mi dignidad...aún queda algo).
En fin, sigamos improvisando, porque
nunca sabemos cuál será el próximo
destino… mientras tanto (o hasta que me echen xD) me pongo la corona.
Pd: Os recuerdo que los links van
en rojo y que voy a escribir más a menudo. Temblad, blogs sin sentido diciendo
estupideces.¡¡¡ He vuelto!!!
